Nosotros ante el cambio

Nada se pierde, todo se transforma. Pero lo que en términos energéticos es así ...en el mundo de las formas lo que se transforma se pierde, ya que se desdibuja y se camufla bajo otras vestiduras. Es lo nuevo que, con la misma substancia de lo viejo, adquiere otra apariencia, otro destello. Y aunque el mundo y el universo conserven la energía original a través de los tiempos; nosotros -los humanos- percibimos el cambio y sufrimos su metamorfosis. Sin ella no habría crecimiento, evolución ni progreso, sin ella la vida quedaría sin sentido ni razón. Pero la razón y el sentido no alcanzan a calmar la desazón que va dejando a su paso el transcurrir de la mutación permanente. Y en este siglo XXI ese devenir se ha acelerado y se ha hecho más evidente.

La velocidad con la que los fenómenos se manifiestan y dejan de hacerlo nos exigen una continua adaptación al cambio. Lo que en otro tiempo llevaba décadas hoy sólo lleva un par de años y por ende, la estabilidad de entonces ya no existe y nuestro equilibrio tampoco. Todos, involuntariamente, somos arrastrados en una vorágine que nos avasalla y nos agita, nos aturde y perturba. Frente a ello la palabra clave es "adaptación", lo que no significa otra cosa que intentar acompanar el movimiento con movimiento. Cada quien busca la mejor manera de hacerlo, cada quien ensaya formas de tolerar el inexorable caos. Lo que está claro es que ya no nos contienen los valores y principios que permitieron el traspaso de la "posta" de una generación a otra. Ya no hay legado para pasar a quienes nos siguen, lo conocido ya no sirve y lo nuevo apenas se vislumbra. Nos desconocemos en el otro y nos perdemos buscando en vano nuevas convicciones y criterios. En otros términos estamos transitando una crisis.

Es innegable que el cambio climático afecta a todo lo que habita en nuestro planeta, incluido a los seres humanos. Es insostenible pensar que, mientras la flora y la fauna van sufriendo transformaciones y, en muchos casos, hasta extinguiéndose, nosotros permanezcamos incólumes. La descompensación generalizada en los seres humanos se observa en el aumento pronunciado de estados de ansiedad, depresión y ataques de pánico; en la falta de empatía y la furia desenfrenada de muchas personas, en el poco entendimiento entre quienes conviven, en el estado alterado de nuestros gobernantes y en el caos social. El incremento de enfermedad y muerte repentina, de homicidios y suicidios también dan cuenta de ello. 

Todo lo hasta aquí expuesto no es novedad, por lo que, llama la atención que la asociación entre cambio planetario y desequilibrio psico-físico no sea tenido en cuenta por los profesionales de la salud a la hora de comprender a sus pacientes. Pareciera que una cosa no tiene nada que ver con la otra y, en el mejor de los casos, sólo se relaciona el estrés y la ansiedad al modo de vida actual. ¿No es extraño que no se asocie el "modo de vida actual" con las alteraciones bio-energéticas planetarias?  

Frente a tamaño descontrol, la disociación parece ser una defensa para la mayoría de los seres humanos. Pensar que nada tiene que ver con nada hace que se pueda enfocar en compartimentos estancos y dedicarse a comprender la realidad dentro de esos límites. Esa mala interpretación aplicada a todos los ámbitos de la ciencia y la falta de conciencia agravan, sin duda, la problemática que vivimos.

Este artículo no tiene otra pretensión que poner el énfasis en lo por demás visible para que, quienes se atrevan a desafiar la disociación vigente, puedan entender la crisis desde un nivel más abarcativo. Para quienes ya han registrado la dimensión del cambio, para quienes propician el  auto-conocimiento, la soltura y la entrega de lo viejo y para quienes transitan el presente desde esas premisas; esta nota será un modo más de reflexión al respecto.                                                                

Comprendiendo la influencia del cambio planetario sobre el ser humano podremos ver su comportamiento como consecuencia y no como causa. Ya he mencionado el hecho de que los límites entre consciente e inconsciente están desdibujados, que los impulsos secundarios (sentimientos negativos reprimidos) afloran y que, quienes no cuentan con la auto-observación, los actúan lisa y llanamente. ( tema tratado en el artículo "Los días por venir").  

Lo más saludable será ir conociendo y aceptando la sombra que busca la luz, los contenidos inhibidos que buscan hacerse conscientes; porque es desde allí que ampliaremos nuestros límites y nos aproximaremos a la unidad. Es un trabajo en solitario, un deber individual que exige ánimo y esfuerzo, pero es el único hecho válido frente a la realidad que se nos impone. Y es la confianza en ese proceso mayor que nos abarca y nos transforma lo que logra enaltecer la tarea. Manos a la obra!