Quienes busquen información al respecto, se encontrarán con descripciones idílicas tales como: "la relación entre un médico y un paciente no se limita a un simple intercambio de información médica, es un vínculo complejo que implica confianza, respeto y comunicación" o "la relación médico-paciente no se reduce al contexto de la salud-enfermedad ya que se incorporan sentimientos, principios y vivencias del paciente y del profesional. Se establece un compromiso mayor, una relación persona a persona con todo lo que esto involucra" o bien "la medicina es grande por el sentimiento humanista que tiene y por esa capacidad del médico para asumir y hacer suyo el sufrimiento y dolor de los demás" y así sucesivamente. En la práctica y salvo raras excepciones -todos sabemos- esto no es así.
Un breve resumen de la evolución de la medicina puede ayudarnos a comprender tanto las características actuales de este vínculo como sus causas.
Desde la concepción hipocrática y por muchos siglos, la medicina se fundamentó en el respeto a la naturaleza, con el concepto de enfermedad como pérdida del equilibrio natural y con intervenciones médicas basadas principalmente en la sabiduría y experiencia del médico. Para realizar el diagnóstico de las enfermedades a principios del siglo XX, un médico contaba con un elemento fundamental: la entrevista con el paciente, así como con un número limitado de análisis de laboratorio y estudios radiológicos sencillos como auxiliares. Su función era fomentar la tendencia de las heridas a sanar, de la sangre a cuajar y de las bacterias a ceder ante la inmunidad natural.
Las permanentes amenazas para la vida -tales como guerras, epidemias y grandes catástrofes unido a la expansión de demandas sociales- impulsaron una progresiva incorporación del Estado en las cuestiones de salud. En Europa, como desarrollo de una clase trabajadora mayoritaria, comenzaron a surgir mecanismos administrativos y financieros de concesión de beneficios tales como pensiones, seguros por accidentes de trabajo, atención a la salud del trabajador, guarderías, entre otros.
En 1948 y después de la Segunda Guerra Mundial, entra en vigencia la constitución de la OMS (Organización Mundial de la Salud), la cual establece el primer servicio mundial de vigilancia de las enfermedades, dando prioridad a una serie de campañas masivas contra la tuberculosis, el paludismo, la sífilis, la viruela y la lepra. La creación de esta organización marca el comienzo de la salud pública y la institucionalidad de la medicina a nivel general. Desde sus inicios la OMS ha tenido como misión principal el garantizar la salud pública global, coordinando esfuerzos internacionales para combatir enfermedades, promover la salud y responder a emergencias sanitarias. Para ello trabaja en colaboración con gobiernos, organizaciones no gubernamentales y otros actores para establecer estándares de salud, proporcionar orientación técnica y apoyar la investigación.
La teoría y la filosofía de la medicina contemporánea pasa así a promover no sólo una técnica para mantener, mejorar o potenciar la salud, sino también una dimensión normativa. De este modo, la medicina no sólo es un conjunto de saberes y técnicas sobre la salud y enfermedad de las personas, sino que -en tanto la salud es valorada como "un bien" y la enfermedad como "la carencia de ese bien"- se manifiesta como institución de poder. Así es capaz de regularizar, disciplinar y normalizar cuerpos y poblaciones en función de volver a los individuos sanos, productivos, dóciles y útiles para las instituciones modernas.
Según palabras de Ivan Illich en su libro "Némesis Médica-La Expropiación de la Salud", "durante las últimas generaciones el monopolio médico sobre la asistencia a la salud se ha expandido sin freno y ha coartado nuestra libertad respecto a nuestro propio cuerpo. La sociedad ha transferido a los médicos el derecho exclusivo de determinar qué constituye enfermedad, quién está enfermo o podría enfermarse, y qué cosa se hará a estas personas". Justamente el término "medicalización" hace referencia a esa expansión de los sistemas de salud a casi todos los campos de la sociedad moderna y a la creciente dependencia de la población respecto de los servicios proporcionados por los profesionales de la salud e industrias farmacéuticas. Los medios de difusión que divulgan los avances de la medicina -significativos o de porte menor- también influyen de manera decisiva creando frecuentemente falsas expectativas sobre las posibilidades reales de la medicina y fomentando el consumo de medicamentos. En definitiva, "una vez organizada una sociedad de tal modo que la medicina puede transformar a las personas en pacientes porque son nonatos, adolescentes, menopáusicos o se hallan en alguna otra "edad de riesgo", la población pierde inevitablemente parte de su autonomía que pasa a manos de sus curanderos" (Ivan Illich-Némesis Médica)
El cambio de paradigma de la medicina resulta así en la conversión de una profesión eminentemente humanística y de ayuda social -que durante siglos se ha encaminado sólo a tratar de beneficiar al paciente- a una medicina concebida como una industria, en donde el elemento perturbador es que, además, debe buscar el provecho de los inversionistas que han creado esa industria.
Un capítulo aparte merecería el proceso pandémico que vivió la humanidad en el 2020-2021 como consecuencia del covid-19. Ante la sola pregunta de cuál fue el criterio bajo el cual se tomó la decisión de "aislamiento social generalizado" y qué hizo que los gobiernos aceptaran y adoptaran la medida, tendremos como principal respuesta el miedo. Miedo a la enfermedad y a la muerte, situaciones ambas rechazadas por una cultura ególatra y exitista. El miedo fue la única razón para todo tipo de excesos. El enemigo pasó a ser "el otro" y "la enfermedad" la mayor amenaza. El proceso pandémico que atravesamos ha exaltado las condiciones para la medicalización de la sociedad, de la forma de vida y de los cuerpos.
Enfocándonos ahora en el paciente tenemos que:
La definición sobre salud de la OMS, que considera a ésta de forma utópica y subjetiva como algo más que la ausencia de enfermedad y la eleva al estado de bienestar absoluto, hace que situaciones de la vida como el cansancio, la frustración, el duelo y hasta diferencias individuales como la calvicie, la timidez o la fealdad estén siendo consideradas como enfermedad y tratadas como tal. Ello genera una angustia desmedida ante síntomas banales junto a una percepción cada vez mayor de vulnerabilidad ante la enfermedad. Además vivimos en una época dominada por el hedonismo, el miedo a las enfermedades y el miedo a la muerte, por tanto, todos estamos más vulnerables y compartimos cierta hipocondría social. En nuestras sociedades modernas se creó una especie de obsesión por la salud. Se trata de un nuevo consumismo de un cuerpo saludable que es alimentado en forma difusa por diferentes actores, entre ellos la ya mencionada industria farmacéutica y su alianza con los medios de comunicación. Sin refutar el valor de la salud, éste no puede llevarse a un nivel en el que la sociedad haga negación del sufrimiento y de la enfermedad, lo que conlleva que la sociedad esté enfermando por no enfermar.
En las últimas décadas, el extraordinario progreso logrado por la ciencia y la tecnología médicas alejó al profesional de la salud del cuerpo del paciente y de su subjetividad. Como resultado cada vez se examina menos, se observa menos, se interroga pobremente y el tiempo de consulta se ve acotado. En términos generales, importan más los datos que aportan las maquinas que la auto percepción del paciente. "En un hospital tecnológico complejo la negligencia pasa a ser "un error humano aleatorio", la actitud encallecida se convierte en "desapego científico" y la incompetencia se transforma en "falta de equipo especializado". La despersonalización del diagnóstico y la terapéutica hace que el ejercicio profesional impropio deje de ser un problema ético y se convierta en problema técnico" (Ivan Illich-Némesis Médica).Podemos decir que la medicina se mercantilizó y la sociedad se medicalizó.
Desde esta perspectiva interpretaremos el nexo médico-paciente como un proceso dinámico entre dos personas que se relacionan entre sí con roles bien definidos. Esencialmente es una relación de desigualdad o asimetría impuesta por un conocimiento que no se comparte sino que se imparte. Las dos posiciones no están en el mismo nivel ya que:
-El médico se halla cumpliendo su papel profesional específico, siendo esta relación un acto cotidiano para él, no sólo respaldado por su capacidad y conocimiento sino por toda una institución que le brinda seguridad y protección.
-Aquel que adopta el rol de enfermo -por cualquiera que sea la razón- se siente a sí mismo, al menos temporalmente, incompleto, debilitado y abierto al miedo, ya que la amenaza de la enfermedad física o mental lo despoja de sus defensas habituales, haciéndolo más vulnerable.
La tranquilidad y confianza de quien asiste a la consulta dependerá, entonces, de las características de personalidad del médico, de su actitud y buena disposición. Algunos profesionales adoptan un modo autoritario y poco contenedor, atendiendo desde un lugar de poder capaz de inhibir la intervención activa del paciente. En otros casos, la falta de empatía puede llegar a cierto grado de violencia verbal. Son contadas las veces en que se encuentra a un profesional comprometido y respetuoso de la persona del paciente.
En general, el acto médico se caracteriza por su brevedad y el poco espacio que deja al enfermo para liberarse de su angustia, ya que antepone las imágenes diagnósticas y los datos de laboratorio a las confesiones del paciente. Esta falta de tiempo o falta de formación en determinadas áreas hace que, muchas veces, el médico resuelva la consulta con la derivación del paciente a nivel secundario (salud mental u otra especialidad si presenta algún síntoma somático) o bien, prescriba fármacos que, con el paso del tiempo será difícil su retirada. En la totalidad de los casos el médico persigue un diagnóstico clínico que consiste en nombrar con un título de enfermedad cualquier signo, factor de riesgo o malestar. Ya no se trata de un proceso global e integrado que contemple la perspectiva del paciente sino de una tarea fragmentada eminentemente tecnológica y dirigida al cuerpo. Quedan excluidos los conflictos, vivencias y sensaciones del enfermo por considerarse irrelevantes.
A modo de reflexión final creo que es evidente que en este proceso de expropiación de la salud -como lo llama Ivan Illich- es tan culpable el médico como el paciente ya que la humanidad toda ha delegado la responsabilidad de su vida en manos de la ciencia y la tecnología. Como lo expresa el médico español Antonio Sitges-Serra en su libro "Si puede, no vaya al médico" "En la sociedad actual -una sociedad que venera la ciencia y siente pánico por la muerte y por envejecer- la medicina se ha convertido en un colosal negocio, a expensas casi siempre del paciente"
Sentí en el desarrollo del artículo, los momentos por los que fue pasando el vínculo entre el paciente y los profesionales de la salud. Más allá de la definición casi utópica.
ResponderEliminarEn un primer momento, el médico en la atención a sus pacientes desarrollaba una mirada clínica y una escucha, se tomaba el tiempo para atender a las personas. Y cómo con el pasar de los años, la atención clínica se va deshumanizado, a la par del aumento de la demanda y en pro del avance de técnicas e investigación científica, primando lo objetivo y medible, dejando a un lado el contacto y escucha entre médico paciente.
Intuyo, que además del avance de la industria farmacéutica y los diversos intereses de las instituciones, también en el artículo se refleja nuestra tendencia conocida a proyectar responsabilidades y decisiones en otros (autoridades, profesionales de la salud, etc,) como prolongando el vínculo de dependencia con nuestros padres primeras figuras de autoridad.
Sin embargo, las situaciones de crisis agudas o crónicas de salud - enfermedad, nos convocan a hacernos cargo como adultos. Siendo un aprendizaje necesario percibir los polos de salud - enfermedad como un continuo, dudar, cuestionar, incluir lo que vamos sintiendo, comparar informaciones y opiniones de diferentes profesionales para lograr una conclusión. Y ante la tendencia de las instituciones en avanzar hacia la médicalización y diagnósticos de enfermedades psiquiátricas, quizás una oportunidad es hacer una pausa, un alto e ir hacia adentro, hacia el conocimiento de nuestra forma humana.